El 11 de junio de 2026 México abre la Copa Mundial frente a Sudáfrica en el Estadio Azteca. Los jugadores que pisarán esa cancha — y todos los que jugarán los 39 días siguientes en las dieciséis sedes del torneo — llegan ahí después de años de preparación física, técnica y táctica. Lo que se ve menos es la otra preparación: la que ocurre en consultorios médicos, donde se identifican y corrigen limitaciones anatómicas que el entrenamiento por sí solo no puede resolver.
Este artículo trata sobre una de esas preparaciones: la cirugía funcional de la vía aérea superior en deportistas de alto rendimiento.
Por qué un deportista de élite considera la cirugía de la vía aérea
El cuerpo de un atleta profesional opera cerca de sus límites fisiológicos. Cada porcentaje de eficiencia respiratoria importa: en una carrera de fondo, en un partido a la altitud de la Ciudad de México, en una prueba contrarreloj, la diferencia entre ganar y perder se mide en segundos y en latidos por minuto.
La respiración nasal cumple funciones fisiológicas específicas que solo el paso del aire por la cavidad nasal puede ejecutar. Cuando un atleta tiene obstrucción anatómica de la vía aérea superior, su cuerpo compensa respirando por la boca durante el esfuerzo. Esa compensación tiene costos fisiológicos reales. Para la mayoría de las personas, esos costos son tolerables. Para un atleta de alto rendimiento, equivalen a la diferencia entre alcanzar su potencial y quedarse por debajo.
En las últimas dos décadas se ha consolidado un campo clínico de práctica conocido como otorrinolaringología deportiva, con sociedades profesionales dedicadas que publican guías clínicas basadas en evidencia para evaluar, tratar y rehabilitar al deportista con patología de vía aérea superior.12 Cada vez más equipos profesionales incorporan la evaluación otorrinolaringológica dentro de su tamizaje médico de pretemporada, y cada vez más atletas — en fútbol, atletismo, natación, ciclismo, rugby, fútbol americano y deportes de combate — llegan a consulta para evaluar una cirugía funcional de la vía aérea.
La nariz en el deporte: por qué importa más de lo que parece
A intensidades bajas y moderadas, la respiración nasal es suficiente para cubrir la demanda ventilatoria. Estudios en corredores entrenados con familiarización previa muestran que la respiración nasal puede mantenerse hasta el 85% del consumo máximo de oxígeno (VO₂ max).1 Por encima de ese umbral, el cuerpo abre la boca para incorporar más volumen, y el cambio tiene un precio.
Respirar por la nariz aporta cuatro ventajas fisiológicas:
Acondicionamiento térmico e hídrico del aire. La cavidad nasal calienta el aire frío y lo humidifica antes de que llegue a los bronquios. Esto reduce la broncoconstricción inducida por ejercicio, particularmente en deportes de invierno o en climas secos.
Filtración de partículas y patógenos. La nariz retiene partículas en suspensión, polen y agentes infecciosos antes de que lleguen al árbol respiratorio inferior. Para un atleta que entrena al aire libre en ciudades con alta contaminación — la Ciudad de México entre ellas —, esa diferencia se traduce en menos episodios infecciosos del tracto respiratorio.
Producción endógena de óxido nítrico. Los senos paranasales son la principal fuente de óxido nítrico inhalado.2 El óxido nítrico nasal es producción endógena del cuerpo, dependiente de que el aire pase por la nariz para que se incorpore al torrente respiratorio. Al llegar a los pulmones, mejora el acoplamiento ventilación-perfusión y favorece la captación pulmonar de oxígeno.
Eficiencia ventilatoria. Estudios comparativos muestran que la respiración nasal puede mejorar la economía de carrera y reducir la frecuencia respiratoria al mismo esfuerzo,3 lo que se traduce en menos trabajo de la musculatura respiratoria y mayor disponibilidad metabólica para el músculo esquelético.
Un ejemplo cotidiano del costo de respirar mal durante el esfuerzo es el conocido «dolor de caballo» — la punzada lateral bajo el reborde costal que sufre la mayoría de los corredores al menos una vez al año. Su nombre clínico es dolor abdominal transitorio relacionado con ejercicio (ETAP, por sus siglas en inglés). Entre los mecanismos propuestos está el estrés sobre los ligamentos que suspenden las vísceras del diafragma. La respiración torácica superficial — característica del patrón bucal forzado por una nariz obstruida — aumenta el riesgo de presentarlo; el patrón nasal diafragmático profundo reduce significativamente esa probabilidad.4
Cuando la nariz está obstruida, todas estas ventajas se pierden. El atleta respira por la boca incluso a intensidades bajas, fuerza la musculatura respiratoria desde el primer minuto del esfuerzo y duerme peor durante la noche. La cirugía funcional busca restaurar el calibre nasal para que esas ventajas estén disponibles otra vez.
Cirugía nasal funcional: procedimientos y sus indicaciones
Las guías de otorrinolaringología deportiva establecen cuatro criterios formales para considerar una cirugía nasal funcional en el atleta:12 obstrucción nasal persistente que limita la capacidad aeróbica, anomalías estructurales verificadas por exploración clínica e imagen, deformidades post-traumáticas que comprometen la vía nasal, y falla de terapias no quirúrgicas previas (dilatadores nasales, medicación, fisioterapia respiratoria).
Cumplidos los criterios, cuatro procedimientos cubren la mayoría de las cirugías funcionales nasales en deportistas. Cada uno tiene una indicación específica.
Septoplastia. Corrige la desviación del séptum — la lámina interna que divide la nariz en dos cavidades. Es la causa anatómica más común de obstrucción nasal y la cirugía más realizada en otorrinolaringología.5 La técnica clásica se hace por vía endonasal con elevación de los colgajos mucopericondral y mucoperióstico, resección o reposicionamiento de las porciones desviadas de cartílago y hueso, y cierre. El procedimiento es ambulatorio bajo anestesia general en la mayoría de los casos. Estudios prospectivos reportan mejoría sostenida de la obstrucción en 80 a 90% de los pacientes según la escala NOSE — Evaluación de Síntomas de Obstrucción Nasal, por sus siglas en inglés.5 Los casos clínicos documentados por la literatura de otorrinolaringología deportiva incluyen, entre otros, a un nadador profesional con obstrucción nasal crónica que mejoró sus tiempos de competencia y redujo episodios de broncoespasmo tras la cirugía, y a jugadores de hockey con reparación de fractura nasal que recuperaron su capacidad respiratoria basal.12
Rinoseptoplastia. Cuando además del componente funcional septal hay un componente estético — una desviación externa de la pirámide nasal, una giba dorsal —, la cirugía aborda ambos en un solo acto. Para el deportista esto es relevante en dos escenarios: el atleta con séptum desviado por trauma previo (golpe, fractura nasal antigua) que dejó deformidad externa, y el atleta que quiere corregir la apariencia de la nariz aprovechando que ya se va a operar la función.
Turbinoplastia. Reduce el volumen de los cornetes inferiores — estructuras óseas cubiertas de mucosa que regulan el flujo aéreo. La hipertrofia turbinal acompaña con frecuencia a la desviación septal y a la rinitis crónica. La reducción se hace por radiofrecuencia, microdebridador o resección submucosa, preservando la función mucociliar. Estudios con cirugía combinada septoplastia más turbinoplastia muestran correlación entre la mejoría del flujo nasal inspiratorio pico y los parámetros de función pulmonar medidos por espirometría.6
Cirugía endoscópica de senos paranasales (CENS). Indicada en sinusitis crónica que no responde a tratamiento médico, en poliposis nasal y en pacientes con asma alérgica concomitante. Para el deportista, la sinusitis crónica significa cefalea persistente, congestión que empeora con el esfuerzo y, en quienes viajan a competir, malestar durante los cambios de presión de los vuelos. La CENS amplía los ostia naturales de los senos paranasales por vía endoscópica, drena las cavidades inflamadas y restaura la ventilación sinusal.
«Abrir el calibre»: cirugía combinada de vía aérea superior
En la práctica de la otorrinolaringología deportiva hay un patrón clínico que merece su propia sección. Cuando un atleta presenta obstrucción a varios niveles de la vía aérea superior — séptum desviado, cornetes hipertróficos y amígdalas grandes —, la lógica quirúrgica favorece abordar los varios niveles en un solo acto operatorio. Operar cada nivel por separado en cirugías escalonadas multiplica anestesias, periodos de inmovilización y ventanas de recuperación, lo cual es difícil de sostener dentro del calendario competitivo del atleta. A esta estrategia se la conoce informalmente como «abrir el calibre», y tiene evidencia clínica que la respalda.
Las guías de otorrinolaringología deportiva incluyen explícitamente la adenoidectomía y la amigdalectomía dentro del arsenal quirúrgico para el manejo de obstrucción de vía aérea superior que afecta la capacidad aeróbica del deportista, junto con la septoplastia y la reducción turbinal para mejorar la respiración nasal y el consumo de oxígeno en deportes de resistencia.13
El estudio pivote sobre la combinación amigdalectomía más cirugía nasal en adultos es el de Sorrenti y colaboradores, publicado en Otolaryngology–Head and Neck Surgery en 2012.7 Los autores reportaron que la amigdalectomía concurrente con cirugía nasal en pacientes adultos con apnea obstructiva del sueño es efectiva para reducir el índice de apnea-hipopnea (IAH) y puede disminuir la necesidad posterior de presión positiva continua en la vía aérea (CPAP) y de otras intervenciones. La amigdalectomía en el adulto, aunque menos frecuente que en pediatría, sigue indicada cuando hay hipertrofia amigdalina significativa: en pacientes jóvenes con amígdalas grandes y apnea leve a moderada, la probabilidad de resolver la apnea con la amigdalectomía sola supera el 90%.8
La evidencia más reciente sobre cirugía multinivel en vía aérea superior viene del ensayo clínico aleatorizado SAMS, publicado por MacKay y colaboradores en JAMA en 2020, que demostró que la cirugía multinivel reduce el IAH y la somnolencia diurna en adultos con apnea moderada a severa que no toleran el CPAP.9 La literatura quirúrgica de cirugía del sueño documenta protocolos de cirugía multinivel en un solo tiempo que combinan faringoplastia con expansión del esfínter, reducción de base de lengua y procedimientos nasales, en pacientes con IAH elevado y obstrucción documentada a varios niveles.10
Para el deportista, el atractivo del paquete es claro:
Un solo tiempo quirúrgico en lugar de tres, una sola anestesia, una sola recuperación. Esto importa cuando el calendario competitivo restringe las ventanas en las que el atleta puede estar fuera del entrenamiento.
Resultado multinivel. El calibre efectivo de la vía aérea superior es la suma de los calibres parciales en serie de cada segmento. Cada zona estrecha contribuye al cuello de botella final, por lo que operar solo el séptum y dejar las amígdalas hipertróficas resuelve la obstrucción nasal sin tocar la obstrucción orofaríngea. Para muchos atletas, sobre todo aquellos en deportes de fuerza con desarrollo muscular cervical importante, el factor limitante final está en la orofaringe.
La indicación, sin embargo, no es universal. El paquete está reservado para pacientes con obstrucción documentada a múltiples niveles — confirmada por endoscopia nasal, exploración orofaríngea y, cuando hay sospecha de apnea, por polisomnografía. Operar amígdalas en un atleta con amígdalas normales es sobretratamiento. El trabajo del cirujano empieza por decidir, caso por caso, qué niveles requieren intervención y cuáles no.
Apnea del sueño en el atleta: el problema invisible del descanso
El sueño es donde se recupera el atleta. Durante las fases profundas del sueño se secretan hormona del crecimiento y testosterona, se consolidan memorias motoras del entrenamiento del día, se reparan microlesiones musculares y se reabastecen los depósitos de glucógeno. El atleta que duerme mal se recupera con menor eficiencia, lo que aumenta el riesgo de lesión y limita el rendimiento.
La apnea obstructiva del sueño (SAHOS) es más prevalente en atletas de lo que suele reconocerse. Una revisión sistemática de 2022 sobre apnea en deportes de contacto reportó una prevalencia agrupada del 30%, con cifras del 29% en fútbol americano, 35% en rugby y 31% en otros deportes de contacto.11 En la NFL, las estimaciones van del 14 al 19% en jugadores activos y se acercan al 50% en linieros retirados.14 Los factores de riesgo en esta población — circunferencia cervical aumentada por desarrollo muscular, índice de masa corporal alto incluso a expensas de masa magra — están directamente relacionados con la naturaleza del deporte.
Una revisión sistemática de 2025 sobre SAHOS y recuperación en atletas consolidó las consecuencias: peor calidad del sueño, disrupción hormonal, somnolencia diurna, tiempos de reacción más lentos, deterioro cognitivo y aumento del riesgo de lesión.15 En estudios sobre patrones de sueño en atletas profesionales de rugby, fútbol americano y cricket, alrededor del 50% calificó como mal durmiente según el índice de calidad del sueño de Pittsburgh (PSQI) y cerca del 28% presentó somnolencia diurna clínicamente significativa por la escala de Epworth.16
El abordaje clínico del SAHOS en el atleta sigue la lógica habitual: confirmar el diagnóstico con polisomnografía o poligrafía respiratoria, identificar los niveles anatómicos de colapso — para lo cual la endoscopia con sueño inducido por fármacos (DISE, por sus siglas en inglés) es útil en casos seleccionados — y decidir el tratamiento. El CPAP sigue siendo el tratamiento de primera línea por su efectividad. Cuando la adherencia es baja o cuando hay un componente anatómico claramente corregible — amígdalas hipertróficas, obstrucción nasal severa, redundancia palatina —, la cirugía multinivel del apartado anterior entra en juego.
Decisión y planeación: cuándo operar respecto al calendario competitivo
Para un atleta profesional, la decisión de operarse tiene componente clínico y componente logístico. La ventana quirúrgica tiene que coordinarse con el calendario competitivo, el plan de entrenamiento y la temporada del equipo.
La recomendación general de las guías de otorrinolaringología deportiva es operar en pretemporada, en el periodo de descanso entre el final de una temporada competitiva y el inicio del bloque de preparación física de la siguiente.13 Esto da al atleta tiempo suficiente para la recuperación quirúrgica antes de retomar entrenamiento de alta intensidad.
Protocolos de rehabilitación documentados por las guías:
- Inmovilización con férula nasal: 7 a 10 días post-cirugía nasal.
- Restricción de contacto y de presión sobre la nariz: 6 semanas.
- Reintegración progresiva al entrenamiento: inicio gradual desde la semana 3 para mantener acondicionamiento aeróbico, evitando esfuerzos que aumenten la presión venosa craneofacial.
- Máscara protectora hecha a medida: durante 3 meses en deportes de contacto, para reducir el riesgo de re-trauma sobre el área operada.
- Evaluación objetiva pre-retorno: rinomanometría o rinometría acústica antes del regreso pleno a la actividad deportiva, para documentar el flujo nasal alcanzado.13
Tiempos aproximados de retorno según procedimiento, asumiendo evolución sin complicaciones:1213
- Septoplastia, turbinoplastia o ambas: actividad ligera a las 2-3 semanas; entrenamiento completo a las 6-8 semanas; deportes de contacto a las 8-12 semanas.
- Rinoseptoplastia: entrenamiento aeróbico a las 6-8 semanas; deportes de contacto a los 3 meses.
- Amigdalectomía: reincorporación general a las 2-3 semanas; entrenamiento intenso a las 4 semanas.
- Paquete combinado (septoplastia + turbinoplastia + amigdalectomía): la recuperación se rige por el procedimiento de recuperación más prolongada, en este caso la cirugía nasal; alrededor de 6-8 semanas para entrenamiento completo y 8-12 semanas para deportes de contacto.
- CENS: 2-4 semanas para retomar entrenamiento; evitar buceo y vuelos comerciales en las primeras 2 semanas.
La coordinación con el preparador físico y el equipo médico del club es clave. La reincorporación debe ser progresiva, idealmente con seguimiento objetivo — ergoespirometría pre y post-cirugía para documentar los cambios reales en consumo de oxígeno y ventilación, sumada al seguimiento clínico y endoscópico habitual.
Cierre
El Mundial 2026 lleva al primer plano una verdad que conviene mantener visible después de julio: detrás de cada atleta que rinde al máximo hay una preparación que no se ve, y parte de ella es médica. La cirugía funcional de la vía aérea superior es una de las herramientas que la otorrinolaringología deportiva ha consolidado en las últimas dos décadas, con evidencia creciente sobre su impacto en función pulmonar, calidad del sueño y rendimiento. Está indicada solo en deportistas con obstrucción anatómica documentada. Para ellos, respirar mejor sí significa rendir mejor.